Ronda
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Historia y Desarrollo en el tiempo de Ronda
Cuando un poeta de la estatura de Rainer Maria Rilke, con un manejo de palabras tan preciso, definió a Ronda como la "ciudad soñada", tenía sus razones. Seguramente, luego de visitarla el viajero confirmará la opinión del poeta, y estará cada vez más de acuerdo a medida que se aleje de Ronda y y la recuerde como un sueño y no como un lugar al que ha podido tocar.
Un visitante, durante su primer viaje a esta ciudad se aproximará a la misma con imágenes mentales del tipo de una tarjeta postal sobre alguno de sus monumentos, su paisaje o algunos de los muy característicos y apartados rincones que nos ofrece, pero nada de esto servirá como una referencia o tan siquiera será fácilmente reconocible. Porque la realidad con que se va a encontrar es muy diferente. Ronda pertenece a ese selecto grupo de ciudades que sólo pueden compararse consigo mismas, sin posibilidades de imitar o parecerse a otras. Esto es algo que el viajero puede comprobar por si mismo al entrar al barrio histórico y ver los deslumbrantes paisajes y arquitecturas que aparecen frente a él, impregnados por la historia y leyenda, que desdibujan la línea entre realidad y fantasía, pero que afirman rotundamente el carácter único de Ronda.
La ciudad está situada en una meseta a 750 metros sobre el nivel del mar y parece estar dividida en dos partes por el famoso Tajo de Ronda, una garganta de 100 metros de profundidad y cerca de 500 metros de largo, con el río Guadalevín que fluye en lo hondo. La parte occidental de esta meseta forma una zona de colinas similar a la que forma al mismo Tajo. Comenzando aquí, se abre un extenso paisaje rural que se extiende hasta las montañas que forman las tierras altas que dan su nombre a la región.
Las pinturas en la cueva de La Pileta en Benaoján son testigos que los alrededores de Ronda estuvieron habitados por lo menos desde el período paleolítico, y los restos encontrados en algunas excavaciones en la ciudad de Ronda muestran que hubo asentamientos humanos en el período neolítico. Sin embargo, fue el historiador Plinio que ubicó a Ronda dentro del marco histórico – temporal cuando en sus escritos se refiere a La Arunda del siglo sexto A. C. que estaba habitada por Celtas Bastulos, mientras identificaba a los ibéricos como fundadores de la cercana Acinipo.
Luego fueron los fenicios, griegos, cartagineses y romanos quienes sucesivamente se establecieron en la zona, por períodos variados. Los romanos la nombraron Laurus y erigieron el Castillo del Laurel (que ya no existe), desde el cual vigilaron a las belicosas tribus Celtíberas. En esta época, era más importante Acinipo que Ronda, como lo demuestra el hecho que llegó a acuñar sus propias monedas.
Luego de la desintegración del Imperio Romano, Ronda y Acinipo fueron testigos de las invasiones germánicas, y la última de las dos ciudades hasta estuvo ocupada por los Bizantinos, que la abandonaron de forma permanente durante el siglo séptimo cuando los visigodos entraron en Ronda. Con la llegada de los árabes, la ciudad comenzó a adquirir una cierta importancia económica y política, y éstos la demoninarían Izna Rand Onda.
A fines del siglo noveno y comienzos del décimo, la totalidad de las tierras altas y especialmente su capital, experimentaron intensamente los efectos de la insurgencia contra el Califato de Córdoba dirigida desde Bobastro (Ardales) por Omar Ben Hafsun. Luego, alrededor de la primer mitad del siglo once después de la caída del Califato de Córdoba, los bereberes hicieron de Ronda un Reino Taifas, bajo el cual la ciudad experimentaría un gran crecimiento urbanístico.
La ciudad perdió su independencia en 1066 cuando pasó a ser parte del Reino de Sevilla. A partir de esa fecha y por casi 400 años Ronda sería dominada por distintas tribus norafricanas y finalmente por los nazaríes de Granada. Durante tan larga historia, Ronda conocería períodos de crecimiento y prosperidad, estancamiento y hasta regresión. En 1485 entraron a la ciudad tropas cristianas.
La coexistencia pacífica entre musulmanes y cristianos no duró mucho. Se desencadenó la rebelión de los moros, que fue particularmente violenta en las tierras altas, hasta la expulsión de todos los musulmanes en 1609. Como fue el caso con cualquier ciudad de Málaga, una era de decadencia recayó sobre Ronda, y duró hasta el siglo dieciocho aproximadamente, cuando con la construcción del Puente Nuevo y la famosa Plaza de Toros la ciudad se extendió hasta la vecindad del Mercadillo.&
Las tropas francesas bajo el mando directo de José Bonaparte entraron a Ronda en 1810, una acción que desencadenó una guerra de guerrillas nada habitual en las tierras altas. Este movimiento se mantuvo vivo aún después que el ejército napoleónico abandonara la ciudad en 1812, aunque luego se transformó en bandas de bandoleros, las más famosas de toda España en el siglo diecinueve, que han dado lugar a tantas leyendas e historias.
Con la apertura del ferrocarril en 1891 y la construcción de varios caminos, Ronda entró al siglo veinte con un notable nivel de desarrollo socio-económico. En 1918 esta ciudad fue seleccionada como sede del Congreso Andaluz ante la insistencia de Blas Infante de Málaga, quien es considerado el padre de la "Patria Andaluza" (Movimiento patriótico andaluz).
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