Velez Malaga

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Historia y Desarrollo en el tiempo de Velez Malaga

El municipio de Vélez-Málaga, el más grande y habitado de la región de La Axarquía, se sitúa principalmente dentro de la cuenca del río Vélez, que está formada por los ríos Benamargosa y El Guaro e irriga una amplia y rica zona de tierras bajas. Sin embargo, este territorio en su totalidad, con su terreno de mediana elevación (el pico más alto es Veas en la pendiente este a 703 metros), exhibe las características típicas de la región de La Axarquía.

Debido a su gran superficie, una séptima parte de la región total de La Axarquía, y al hecho que posee las tierras más fértiles de la región, el municipio de Vélez-Málaga incluye varios centros poblados. Ellos son: Torre del Mar (el más desarrollado y orientado al turismo), Benajarafe, Triana, Trapiche, Almayate Bajo y Almayate Alto, Cájiz y Chilches, entre otros, así como numerosas urbanizaciones turísticas en la zona costera y comunidades agrícolas dispersas en el interior. Es así que sólo la mitad de la población del municipio se concentra en la ciudad de Vélez-Málaga.

Éste, el principal municipio de La Axarquía – un nombre que proviene del árabe "as-Sarqiyya" (el este, o el lado este) – tiene una historia larga y compleja que comienza con los primeros asentamientos fenicios en la colina de los Toscanos en la rivera derecha del río Vélez, cerca del 800 A. C. Debe destacarse que la boca del río Vélez, en los viejos tiempos, formaba una bahía entre las colinas del Peñón y El Mar que servía como lugar para anclar, y que las comunicaciones desde allí con el interior de Andalucía eran relativamente sencillas por la vía del Boquete de Zafarraya.

Al pie de la pendiente de los Toscanos, cercano a la anterior bahía, que ahora esta cubierta por una capa de lodo, fue descubierto un depósito con cerámicas fenicias, griegas y etruscas. Esto confirmó la actividad comercial del puesto de intercambio de los Toscanos, cuya población ha sido estimada en 1.500, un tamaño considerable para la época. Algunos historiadores sostienen que éste enclave puede haber sido la antigua Mainake fundada por los griegos.

Altos hornos y escoria metálica, materiales que confirman que aquí se explotaron minerales, han sido encontrados en la cercana colina de El Peñón. Un poco más al norte en la colina de Alarcón, se ha descubierto un edificio rectangular que muy bien puede haber sido una fortaleza, mientras que en la colina de El Mar se han encontrado más de 30 tumbas que datan del siglo séptimo A. C. Asimismo, la necrópolis del Jardín al norte de Toscanos tiene más de 100 tumbas que datan desde el siglo sexto al cuarto A. C.

En la colina de El Mar, donde estuvo la antigua ciudad marinera de Maenoba enfrente de Toscanos, se han llevado a cabo búsquedas que hasta ahora han confirmado la existencia de un puesto comercial para la industria del pescado seco. En esta zona, la industria consistía en la producción de garum, una salsa que fue introducida por los fenicios e intensamente utilizada por los romanos.

Sin embargo, la ciudad de Vélez-Málaga fue fundada en el siglo décimo, en la cúspide de la dominación musulmana. La ciudad creció alrededor de la fortaleza-alcazaba e inmediatamente se extendió hacia la vecindad de La Villa, que se convertiría en la antigua "medina" musulmana o centro de la ciudad. Fue una de las medinas más importantes del reino nazarí, entre los siglos trece y quince. No era una ciudad muy grande pero estaba bien fortificada y defendida por sólidos muros. Al aumentar la población y no caber dentro del recinto amurallado, surgieron una cantidad de suburbios, que ahora son el vecindario de Arroyo de San Sebastián y las plazas de San Francisco y Constitución.

Está documentada la existencia en el siglo trece de varias "alquerías" (centros rurales poblados) cuyos residentes se dedicaban a la agricultura. Estas alquerías incluían a Almayate, Benamocarra, Benajarafe, Iznate y Cájiz, entre otras, y fueron los orígenes de estos pueblos. La importancia de Vélez-Málaga entre los siglos doce y dieciséis se demuestra a través de los relatos que han dejado escritores tales como El Idrisi, Abulfeda, Ibn Batuta y Abd-al-Basit, el historiador egipcio que a mediados del siglo quince mencionó la actividad comercial en el puerto de Mariyya Ballis (Torre del Mar).

El curso de la historia de Vélez-Málaga cambió cuando en abril de 1487 Fernando El Católico dejó Córdoba hacia La Axarquía con el fin de tomar su capital. Por el camino los nobles y residentes de los pueblos a través de los que pasaba se unieron a sus filas y así llegó a la vecindad de Vélez-Málaga con un ejército de 50.000 infantes y aproximadamente 12.000 jinetes, de acuerdo a Hernando del Pulgar, cronista de la guerra de Granada. Mientras tanto, la fortaleza de Bentomiz, prácticamente el único lugar al cual Vélez-Málaga podía pedir auxilio, se rindió a las tropas cristianas. Tampoco las escaramuzas de El Zagal, que dejó Granada para acudir a asistir a los Veleños, fueron de mucha ayuda.

El último comandante de un castillo musulmán en la ciudad, Abul Cacim Venegas, el 26 de abril de 1487 envió un emisario para negociar los términos de la rendición, la que se produjo el día siguiente. Los musulmanes también se comprometieron a preparar la ciudad para recibir a los Reyes Católicos, lo cual ocurrió el 3 de mayo del mismo año.

Las nuevas autoridades políticas trataron de convertir a Vélez-Málaga en una ciudad diferente a lo que había sido bajo la dominación musulmana, y a estos fines planearon un programa de renovación arquitectónica que incluía un nuevo diagrama de espacios públicos y la construcción de edificios seculares y religiosos. Esta idea fue entorpecida por el terreno escarpado del distrito urbano, así que la reestructuración de la ciudad que se pretendía sólo alcanzó a algunos espacios públicos (Plaza de la Constitución y el suburbio de San Francisco), unas pocas casas de la nobleza y varias iglesias y conventos. Es así que el siglo dieciséis fue principalmente destacable a causa de la construcción de nuevos edificios religiosos.

El carácter urbano de la ciudad se mantuvo igual durante el siglo diecisiete, y la construcción de iglesias y conventos recibió un mayor énfasis aún, teniendo como resultado lo que algunos han dado a llamar una "ciudad convento". Sin embargo, esto no es exclusivo de Vélez-Málaga, pero ha ocurrido en muchas ciudades andaluzas de tal forma que las plazas públicas más espaciosas también pueden utilizarse para montar grandes manifestaciones religiosas tales como la Semana Santa y Corpus Christi.

Mientras tanto, el puerto de Torre del Mar, experimentó tal incremento en su actividad que durante el siglo dieciocho se planeó su expansión para lograr mejores rutas para las cosechas de uvas y cítricos que eran embarcadas hacia Europa del norte.

Vélez Málaga apoyó a la dinastía Borbónica durante la Guerra de Sucesión Española, y fue en sus aguas que se produjo el enfrentamiento naval llamado por algunos la Batalla de Málaga y por otros la Batalla de Vélez-Málaga. Este evento histórico ocurrió el 23 de agosto de 1704. En dicho día la flota hispánico-francesa se enfrentó a la anglo-holandesa, sufriendo la primera 1.500 bajas y perdiendo la segunda 3.000 hombres. En total ambas partes pusieron 146 embarcaciones en combate, con 3.577 cañones y más de 46.000 hombres. La opinión moderna es que ninguno de los lados obtuvo algo de la batalla, pero algunos estudiosos del tema destacan que las pérdidas hispano-francesas fueron menores.

El siglo dieciocho fue especialmente favorable para la ciudad, con un notable crecimiento en todos los sectores: las iglesias y edificios públicos fueron reparados o construidos, la infraestructura de la ciudad fue mejorada y sus accesos embellecidos, y hasta las ideas de la Ilustración fueron conocidas, debido en gran parte a la creación en 1783 de la Sociedad Económica de Amigos del País.

El siglo siguiente comenzó con malos augurios. La epidemia de fiebre amarilla de 1804 asoló severamente a la población, y murieron más de la mitad de los residentes. El gobierno municipal también sufrió las consecuencias de la epidemia y sus poderes fueron asumidos por los militares. La invasión napoleónica y la instalación de un gobierno títere francés dividió a la población en dos facciones que se opondrían una contra la otra durante el siglo diecinueve, buscando controlar el gobierno. Más adelante, hubo varias epidemias de cólera, la peste de la filoxera destruyó los viñedos y el terremoto de 1884 completó un panorama sombrío cuyo único rayo de luz fue la expansión de los campos de caña de azúcar bajo los auspicios de la familia Larios.

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